Si existiesen criterios objetivos que nos permitieran separar la fantasía de la realidad ¿Tendríamos asegurada la felicidad o al menos la tranquilidad? ¿Existe hoy por hoy, para la psicología, un criterio objetivo semejante? Por otro lado, ¿Existe la realidad objetiva como tal? ¿O cada uno construye interpretaciones según sus determinaciones?

Vamos a considerar dos posiciones filosóficas que nos permitan pensar con mayor claridad esta cuestión. El realismo y el constructivismo. Para el primero, la realidad existe independientemente de nosotros, estructurada según diferentes niveles de complejidad que llegamos a conocer de manera gradual, conforme avanza el conocimiento científico-técnico. El realismo dio origen a una teoría de la mente como reflejo de la realidad material, nuestra mente se puede formar una idea bastante aproximada de las cosas, por lo que, desde este punto de vista, sería posible hablar de distorsiones cognitivas. Algunos ejemplos de teorías realistas de la mente pueden ser la noción de Isomorfismo Funcional de Hilary Putam (1975), quien sostenía que dos sistemas pueden llevar a cabo un cabo la misma tarea, independiente de sus soportes físicos o materiales. Con posterioridad Jerry Fodor (1981), entendió la mente como un sistema capaz de realizar procesos computacionales y operar con símbolos, (representaciones mentales). Nuestra mente, guiada por un propósito, se plantea posibles escenarios y en función de ello, determina el curso de acción a seguir. Si bien, podemos construir representaciones hipotecas de la realidad, Fodor parte del supuesto de queexiste la realidad fuera de la mente.

El constructivismo, que provocó una ruptura epistemológica, sostiene que nuestra visión de la realidad es producto de la interacción con el ambiente. Pone el acento en el sujeto cognoscente, por lo que n o existe una mirada única e imparcial sobre un hecho, ya que cada individuo tiene una experiencia distinta y por consecuencia una mirada diferente.

Ernst Von Glasersfeld (1984), utiliza la siguiente metáfora: La realidad es como una cerradura y nuestra acción sobre ella, como una llave.Nuestra experiencia es como probar distintas llaves hasta abrir la puerta, de hecho, pueden existir distintas llaves para abrir la puerta, pero eso no implica que conozcamos con exactitud la cerradura. Este autor sostiene que la realidad es como una “caja negra” a la que jamás tendremos acceso. A lo sumo, podremos calzar la llave. Resolver un problema no es una evidencia sobre el mundo real, sino sobre la superación de un obstáculo en el camino hacia los objetivos del sujeto. Glasersfeld (1998)

Entonces, desde esta perspectiva, sin la certeza de la existencia de una realidad absoluta o al menos, ante nuestra imposibilidad de conocerla: ¿Tendría sentido hablar de distorsiones de la realidad?

Un estudio reciente, publicado en la revista Nature nos ayuda a conciliar estas dos posiciones, plantea que un área de la corteza visual proyecta la realidad relacionando, a toda velocidad, lo que percibimos, con imágenes visuales, recuerdos, etc., según el estudio de la Universidad Johns Hopkins, existe un doble mecanismo cerebral responsable de la construcción de la realidad. Por un lado, nuestro cerebro capta la información del entorno y el teléfono en contexto, permitir recuperar información valiosa para colocar dicha información dentro de un sistema de símbolos estrechamente relacionados . Por ejemplo, la palabra mesa, evoca inmediatamente, silla, platos, cubiertos, etc. Pero además, existe un mecanismo que suprime las relaciones de tiempo y espacio, permitiéndonos establecer relaciones con situaciones previas, recuerdos, expectativas futuras, vivencias, emociones, etc. Este último, es el responsable de teñir a nuestra percepción de una interpretación personal subjetiva.

Las distorsiones cognitivas, tienen más que ver con este último, se definen como una manera errónea de interpretar la realidad. Una interpretación más ligada a nuestro “mundo interno” que a lo que percibimos.

La terapia cognitivo conductual, se centra en identificarlas, y sustituirlas por creencias más “equilibradas”. O bien, en un nivel de mayor profundidad, busca identificar las creencias nucleares, que dan origen a las distorsiones. Pero ¿Son patológicas las distorsiones? ¿Todos distorsionamos la realidad? Si es así: ¿Cómo se determina el límite entre lo normal y lo patológico? Lo que sucede es que todas las personas distorsionamos de alguna manera la realidad, ya que no tenemos otra manera de interpretar los acontecimientos sobre los que no tenemos información acabada, más que esbozando hipótesis. A su vez, estas hipótesis, están tamizadas por el color de la emoción que en ese momento nos ocupa, el contexto, nuestro estilo atribucional, nuestros aprendizajes, etc. Pero entonces, si todos distorsionamos la realidad, ¿Qué hace que algunas personas padezcan depresión o ansiedad como producto de estas, y otras no?Para esta pregunta existen algunas respuestas. Por una parte, si bien todos distorsionamos la realidad, de acuerdo con las investigaciones, existen dos niveles en la manera en que procesamos la información, un nivel cognitivo, dentro del cual se ubicarían los pensamientos y sus distorsiones, y un nivel metacognitivo, que tendrá que ver con procesos que monitorizan las cogniciones.

La teoría metacognitiva llama Síndrome Cognitivo Atencional, a la manera en que las personas regulan sus propios pensamientos de manera inadecuada. Wells (2009) La terapia metacognitiva trabaja, a grandes rasgos, en el entrenamiento atencional, con la finalidad de redirigirlo y / o fortalecerlo, no siendo necesario así, actuar a nivel de los pensamientos. Por ende, a diferencia de la TCC estándar, no opera sobre los pensamientos distorsionados, sino sobre los procesos que monitorizan dichos pensamientos. Podríamos concluir que, si bien todos distorsionamos a menudo la “realidad”, quienes padecen ansiedad o depresión, dirigen su atención más a menudo, hacia dichos pensamientos y dedican bastante tiempo en alimentarlos.