Una de las características más distintiva de los seres humanos es nuestra capacidad de vivir en sociedad, es decir, de formar lazos sociales. La evolución supuso un paso de lo individual a lo grupal, sirviéndonos a la supervivencia: necesitamos de los demás para reproducirnos, comunicarnos y hasta aprender. Dicho de otro modo, continuamente estamos planificando objetivos comunes con otros que serían imposibles de alcanzar de manera solitaria, y para ello necesitamos de ciertas habilidades en este proceso de socialización.

Si esta capacidad de socializar resulta tan básica y esencial para la adaptación del individuo, resulta razonable que aparezca en nuestra biología el temor a fallar socialmente. Evolutivamente, se ha favorecido la aparición de la reacción de miedo y ansiedad ante estímulos del entorno que puedan significar algún tipo de desaprobación por parte de los demás, porque eso puede significar un riesgo en nuestra supervivencia.

De lo anterior se desprende que la ansiedad social es una respuesta normal y útil para nuestra adaptación: supone una motivación para comportarse y actuar de una determinada manera en situaciones interpersonales nuevas o importantes. La búsqueda de aceptación de los demás actúa, de esta manera, como motor para cumplir con normas y convenciones sociales establecidas.

La mayoría de las personas experimentamos ansiedad social en algún momento de nuestra vida (nuestra primera cita, una presentación en público u entrevista laboral) mayormente debido a esta susceptibilidad de la especie humana a la crítica y desaprobación social. Sin embargo, dicha ansiedad puede expresarse en frecuencias e intensidades muy variables. Por un lado, podemos encontrar bajos niveles de ansiedad social en personas que normalmente llamados tímidas, reservadas o introvertidas. En el otro extremo, hallamos a personas a las cuales los compromisos sociales les provocan un monto de ansiedad tan intenso que resulta limitante para su vida diaria, reduciendo su calidad de vida y causando preocupaciones persistentes. Dentro de este último grupo podemos encontrar personas que posean un Trastorno de Ansiedad Social.

Definición del Trastorno de Ansiedad Social

La distinción de la Fobia Social como una categoría diferenciada de los Trastornos de Ansiedad fue propuesta por primera vez por Marks y Gelder en 1966. Estos autores describieron el temor a mostrarse ridículo ante de los demás en diferentes situaciones de desempeño social como hablar, escribir o comer en presencia de otros.

Según el Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales, quinta edición (DSM-5), el Trastorno de Ansiedad Social (TAS), también conocido como Fobia Social, se diagnostica cuando una persona presenta un temor o ansiedad persistentes ante situaciones sociales en las que se encuentra expuesto a una posible evaluación por parte de los demás, causando malestar significativo. Ante este panorama, la persona generalmente tiende a evitar de este tipo de situaciones de interacción social o, en caso de que la huida no sea una opción posible, se esfuerza en pasar desapercibida con el objetivo de no ser humillada, juzgada o rechazada.

Los temores del fóbico social pueden estar delimitados a algunas pocas situaciones sociales, como por ejemplo en situaciones que se pone a prueba el propio rendimiento al rendir exámenes orales o tener una entrevista de trabajo. O bien, en otros casos, la ansiedad puede generalizarse y abarcar todas las situaciones de desempeño social: miedo a responder preguntas sencillas, a decir alguna tontería, miedo a que otros detecten signos de ansiedad en el cuerpo como temblor en la voz o sudoración en las manos.

Por otra parte la manifestación de la respuesta de ansiedad social, al igual que en otras emociones, se expresa a nivel cognitivo, comportamental y fisiológico:

En el plano cognitivo, las personas que padecen Fobia Social se encuentran constantemente atemorizadas de decir algo que el otro califique como tonto o aburrido. Generalmente no saben qué decir ni cómo comportarse, y son poco asertivos. Se produce una sobreestimación de la posibilidad de rechazo y evaluación negativa del propio comportamiento por parte de los demás, y bajo esta idea, las personas con TAS focalizan la atención hacia cualquier dato sutil que pueda interpretarse como desaprobación y afirme su pensamiento inicial de “van a pensar que dije algo tonto”.

Además, muchas veces los fóbicos sociales se preocupan anticipadamente por las situaciones de desempeño social, independientemente o no de que crean que esa preocupación resulte irracional o excesiva, pasando mucho tiempo pensando en la próxima reunión o evento social al que asistan.

A nivel de la conducta, el TAS se caracteriza por la evitación de situaciones temidas o la ausencia de conductas de interacción. En la práctica esto quiere decir que se observan personas que no participan socialmente, se encuentran quietas o calladas y presentan respuestas monosilábicas. Vale decir, la evitación no sólo puede ser física, sino que uno también puede evadirse “mentalmente”. Estas conductas no se deben específicamente a no poseer las competencias y habilidades sociales adecuadas, sino que muchas veces lo que sucede es una imposibilidad de llevarlas a cabo en las situaciones específicas a causa de la intensa ansiedad que se experimenta, sumado a la frecuente utilización de “conductas de seguridad,” tales como retirar la mirada o vestirse con ropa gruesa, como intentos de pasar desapercibidos.

Por último, las personas con Fobia Social experimentan sensaciones físicas como taquicardia, temblores, enrojecimiento facial, sensación de ahogo, sudoración y/o malestar abdominal. En algunos casos puede presentarse en forma de ataque de pánico. Muchas veces la idea de que los demás pueden llegar a evidenciar estos síntomas, incrementa aún más la ansiedad, la vergüenza y refuerza la tendencia a evitar situaciones sociales.

Tratamiento

En la mayoría de los casos el comienzo del TAS se sitúa durante la adolescencia, momento en el cual se comienza a entablar relaciones sociales por fuera del ámbito familiar. La evolución natural del cuadro es crónica en el tiempo, pudiendo prolongarse indefinidamente si no es tratada. Usualmente los pacientes no suelen consultar su problema con un profesional, existiendo el riesgo de que se desarrollen otras enfermedades comórbidas como depresión, otros trastornos de ansiedad u abuso de sustancias.

La psicoterapia aparece como un método eficaz para el tratamiento del Trastorno de Ansiedad Social. En particular, la Terapia Cognitivo Conductual (TCC) posee múltiples investigaciones que avalan sus resultados efectivos en el tratamiento del TAS.

Dicho tratamiento consiste en un plan y programa de técnicas, limitado en el tiempo, que son seleccionadas dependiendo el tipo particular de afectación del paciente. Entre los componentes de la TCC que han sido estudiados para el tratamiento del TAS se encuentran la exposición (imaginaria y en vivo), la reestructuración cognitiva, la relajación, el entrenamiento en habilidades sociales y la terapia de grupo cognitivo-conductual.

Dentro de los objetivos principales se encuentran: aprender a establecer metas realistas en las interacciones sociales; corregir las expectativas y valoraciones negativas que contribuyen a incrementar o mantener la ansiedad; aprender a concentrarse en la tarea o interacción social en vez de en las sensaciones internas y pensamientos negativos; reducir las conductas de evitación y la activación fisiológica, o aceptarlas cuando no se puedan modificar; y desarrollar las habilidades sociales que sean necesarias en cada caso. El objetivo final es dotar al paciente de recursos y habilidades básicas que le permitan convertirse en un agente activo en su proceso de cambio.