Considerado una plaga de la sociedad moderna, el aburrimiento afecta a personas de todas las edades y culturas, y se experimenta en una amplia gama de situaciones.

¿En qué consiste el aburrimiento? ¿Cómo lo podemos definir?

Se ha definido por numerosos autores como una emoción, un estado de ánimo o un estado afectivo. Implica insatisfacción y desconexión con el entorno y / o con la actividad actual . Hay un deseo de hacer algo diferente a lo que uno está haciendo en ese momento.

Algunos investigadores distinguen entre el aburrimiento como rasgo y como estado . El primero, puede entenderse como la propensión a experimentar aburrimiento con frecuencia. En cambio, el aburrimiento como estado se refiere a “un estado afectivo transitorio y desagradable” que se caracteriza por una falta de interés, así como por la dificultad para concentrarse en la actividad.

Consta de cinco componentes :

1- Componente afectivo: sentimientos aversivos y displacenteros.

2- Componente cognitivo: el tiempo parece que se ralentiza e incluso se detiene; esta percepción se contrasta con el concepto de flujo , un estado en el que se pierde la noción del tiempo debido a que se está totalmente comprometido cognitivamente con una actividad. Por otro lado, las personas aburridas experimentan dificultades para concentrarse y mantener la atención, y con frecuencia se involucran en divagaciones mentales.

3- Componente fisiológico: el aburrimiento se asocia tanto con una disminución como con un aumento de la excitación fisiológica. En este sentido, puede experimentar como un estado de apatía o baja energía; y también como un estado de inquietud, ansiedad e irritabilidad, que nos prepara para la acción.

4- Componente expresivo: postura corporal encorvada o floja; mirada vacía, orientada hacia nada en específico, con los ojos abiertos y los párpados ligeramente caídos; bostezos; pocos movimientos corporales; inclinación de la cabeza hacia atrás.

5- Componente motivacional: motiva a cambiar o abandonar la situación, ya participar en cualquier actividad significativa, que implique un desafío, estimulación, interés, compromiso o diversión. En otras palabras, que brinde un sentido o propósito.

¿Cuál es su función? ¿Para qué sirve?

Para comprender la importancia del aburrimiento, se puede establecer un paralelismo con la sensación de hambre. El hambre señala la necesidad de alimentarnos y motiva el comportamiento de búsqueda de alimentos. ¿Qué ocurriría si no fuésemos capaces de sentir hambre? La sensación de hambre nos protege de la desnutrición, por lo que nuestra salud física se pondría en peligro. El hambre nos señala una necesidad y nos motiva a realizar una conducta (comer).

La comida es una necesidad fisiológica, pero también existe evidencia de necesidades psicológicas. Este es el caso del aburrimiento: nos indica cuando estamos en presencia de nuestras situaciones que no se ajustan a intereses y nos motiva a hacer otra cosa. ¿Qué pasaría si no fuésemos capaces de aburrirnos? No reconoceríamos las situaciones insatisfactorias o que carecen de significado, ni haríamos algo para salir de las mismas. Como consecuencia, fracasaríamos en nuestro intento de alcanzar nuestros deseos y metas. El aburrimiento nos motiva a seguir moviéndonos en línea con nuestros proyectos, y en este sentido, sirve para autorregularnos , al restablecer nuestra búsqueda de significación y coherencia.

La teoría del aprendizaje operante propuesta por Skinner, brinda una forma más precisa de entender la función del aburrimiento. Para comprenderla es importante tener en cuenta que las conductas aumentan o disminuyen en función de sus consecuencias. Tomando como base esto, las metas de la persona se interpretan como las consecuencias que tendrán determinadas conductas que la persona ejecute; si esas consecuencias (metas) ya no son reforzantes (benéficas) para ésta, entonces las conductas tenderán a disminuir. La persona comenzará a sentirse aburrida como consecuencia de la disminución de la motivación e interés por lo que buscará nuevas metas (futuras consecuencias) que sean benéficas para su situación actual, por lo tanto, sus conductas también tendrán que cambiar.

¿Qué podemos hacer cuando nos sentimos aburridos?

El aburrimiento genera malestar. Tal es así que, en un intento por evitarlo, solemos adoptar diversas conductas, que incluyen:

  • comportamientos de riesgo: abuso de drogas y alcohol, delincuencia juvenil, problemas con el juego, atracones, conducción imprudente, absentismo escolar y laboral;
  • conductas que pueden ser problemáticas: divagaciones o distracciones mentales y procrastinar;
  • comportamientos que podrían beneficiarnos: pensar de manera creativa o en soluciones novedosas, autorreflexiones.

Generalmente, el primer impulso ante el aburrimiento es hacer algo que deje atrás dicha sensación. Sin embargo, con este intento de solución, el problema podría agravarse en el largo plazo. Un enfoque alternativo es aceptar todas las partes de uno mismo, incluidas las señales del aburrimiento. Al abandonar la lucha contra las sensaciones del aburrimiento, el individuo tiene una mayor predisposición para prestar atención a sus señales y aprender de ellas.

Si somos capaces de escuchar lo que nos dice el aburrimiento cuando surge, esto puede ayudar no solo a reducir la duración de esta experiencia, sino también a aumentar las posibilidades de encontrarnos en situaciones que son congruentes con nuestras metas e intereses. Se trata de reformular la experiencia del aburrimiento como algo útil.

Es importante señalar que evitar o escapar del aburrimiento no es necesariamente malo. Al igual que otras emociones, el aburrimiento es probablemente displacentero porque su evitación fue adaptativa en determinadas circunstancias. A la hora de determinar si la evitación es desadaptativa o no, es necesario tener en cuenta el contexto, el cual incluye los objetivos actuales de la persona.

En definitiva, cada vez que aparece el aburrimiento, se nos presenta la posibilidad de elegir cómo queremos responder. Si somos capaces de reconocer sus señales y entendemos su función, podremos beneficiarnos del mismo.


Referencias:

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